Creo que el miedo más grande de las personas comunes y corrientes, es el cambio. A la mayoría nos resulta imposible. Hablo de personas comunes, por aquellas que sabemos que nuestros talentos son limitados, y que por supuesto esa inventiva y genialidad no es constante como los vientos en los huracanes.
Hace poco, comunique a mis amistades que quería comenzar a comprar algunas cosas que normalmente no usaría, quizás una prenda nueva de vestir, de un color que descartaría a primera, como cuando me corte el cabello, aunque en esa ocasión no me sentí tan bien. En todo caso, me preguntaron entonces, pero si ya tú tienes tu estilo, ¿porque lo quieres cambiar?
-Debes quedarte con tu estilo.
Pensando detenidamente sobre mí estilo. Desde que tengo memoria. Mi única respuesta fue cambiante. No puedo asegurar que evolutivo, pero si cambiante.
Pero bueno, cuando deje a un lado las licras cortas por los jeans, y luego cuando las faldas casi debían de escondérmelas para no usarlas. La vez que más me reí internamente, cuando a los 20 utilice una cartera de mano (la cual había jurado cuando tenía como 13 años que jamás usaría).
Las personas cambiamos, esa es la constante. Y las mujeres, pues, cambiamos más de lo constante.
Todo este meollo del vestir, me hace pensar si nuestra decisión de tomar caminos diferentes también se involucrará con nuestra forma de pensar y las de ser.
Creo que nosotros mismos, jugamos más con nosotros, que lo que queremos aceptar. Sobre todo por el miedo y por la imposibilidad. ¡Oh! Maldito miedo que nos tiene a todos cociéndolos en una olla.
Siempre me digo que el miedo no existe, desde una noche de invierno en la que mi padre me lo repitió más de tres veces, antes de abrir la puerta de la casa, mientras subíamos las escaleras de la casa:
-El miedo no existe, me oíste. -Me decía. No existe
Subía un par de escalones.
-No existe, es una invención del hombre. -Me insistía. Es la manera que encontraron de controlarnos.
Y evidentemente, el que sea el genio que se le ocurrió, nos ha controlado muy bien desde entonces. Ahora hasta miedo a ser comunes y corriente nos inyectan.

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