Hace cuanto que no tienes un buen dÃa?
O por lo menos uno que hayas sentido en lo más profundo de tu ser?
No de esos en los que terminas cansado porque ha sido productivo… si no de aquellos pocos que nos dejan sensaciones de que se ha vivido algo bueno. De los que dejan sensaciones en la barriga de que se está lleno de bienestar y con el pecho hinchado para soltar suspiros de “tranquilidad” o de “un todo esta bien”.
Los dÃas buenos de los que te hablo, son esos como el que me han motivado a hacerte esta pregunta... Un dÃa donde me desperté mucho antes que la alarma sonara y no me sentà cansada, en donde revise correos, redes sociales aun siendo de madrugada y me levante el tiempo justo para hacerme un café y adelantar algún regalito antes de iniciar con mis labores diarias.
Me sentà productiva!
Me mire en el espejo y no me reproche nada!
Mi jefe me llamó a regañarme y lo acepté con calma y no desespere por ello.
Me pinte la boca de un rojo intenso camino al trabajo y me pareció más bonito que la vez que lo probé la primera vez.
Interactuar con personas es complicado pero todo marchó bien!
Hubo tarde de amigas, charla y compras.
Incluso regrese a casa caminando, respiré el atardecer.
Ni siquiera me importo el peso del morral a la espalda porque estaba respirando profundamente… algo bonito y natural.
Un atardecer que me recordó que soy inmensamente pequeña. Y aun asÃ, sonreÃ. Fue un buen dÃa.
En donde a pesar de las cosas malas, que son necesarias para equilibrar y para la perspectiva, pude sentir que al respirar me invadÃa un silencio que me reconfortó y a lo lejos llegó en un susurro las palabras: has vivido.

