Querido Amor,
Es tan ambigua la palabra... amor.
Es tan sutil y manejada.
Es tan graciosa y animada.
Es tan compleja y tan ingenua.
Que he decidido probarla.
He decido dejar que salga de entre mis verbos y se cambien por un sujeto, he decidido que hoy le escribo a los amores... bravos, bandidos, pesados y cohibidos.
A los amores que no salen de los libros, a los amores que nadan en los vidrios.
A esos amores que caminan en los corazones, en las manos, en las piernas y entre ellas.
A esos amores escurridizos que se fijan en la cabeza, que se vuelven como la niebla, densos, grises y temibles.
A los amores de colores, de sabores, de calores.
Desde hoy, como otros días, he afirmado bajo mis dedos que escribo, pero en la ceremonia de palabras que celebro conmigo me he dicho: que el tiempo ya suficiente ha jugado conmigo. Y por lo bajo asoma en un susurro, distante pero insistente la pregunta si no he sido yo quien ha jugado con el.
Tanto es el caso, que ni me arrepiento, ni aborresco, ni me importa, ni me devuelvo, solo voy a inclinarme por pensar que podre escribir mas del tiempo imaginable.
He decido... que le escribo al amor, a ese que no me ve, a ese que yo no he visto.
He decidio que le escribo a mi querido... amor; que soy yo, que soy yo pensando en otro, que es otro mirándome con anhelo, que es un deseo bajo los pensamientos propios.


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