"Algunos hombres la amaron y veneraron, arriesgándolo todo por su causa y salvación". Así termina mi aventura por las páginas escritas por un grupo de personajes sencillos y sentidos, amigables y devotos.
Drácula, es una pieza que sin duda bien se lleva el título de clásico. La historia que nos cuenta más allá de pretender rayar en la fantasía se esfuerza por matizarse con la realidad comprensible y aceptada para un lector de este mundo.
Más que nunca, experimento el terror de este antro de maldad... Tengo miedo..., tengo mucho, muchisímo miedo..., y no puedo..., ¡oh, no puedo huir de aquí!
Nos presenta la fuera del relato que tienen las palabras diarias del ser inspirado por el deseo de preservar lo acontecido y con evidente temor al olvido que traza el tiempo.
Bram Stoker, nos ofrece una historia que se lee como una aventura. El irlandés, nos lleva a borde un carruaje que avanza constantemente, sin pararse a descansar y te permite ver el paisaje como una película sin fin, casi que podemos olerlo a través de las páginas y por supuesto, sientes lo sinuoso del camino y la irregularidad del terreno.
Probablemente fui yo, pero en las últimas páginas me encontré como uno más de la empresa (De salvación de un alma condenada) sirviéndome del afán y de la rapidez de los sucesos. La historia se contó de tal manera que me encontré impaciente por cada palabra siguiente. Doy un bravo por esa sensación.
Vi por última vez al conde Drácula enviándome un beso con la mano. Sus pupilas resplandecían de triunfo y sus facciones estaban distendidas en una sonrisa que hubiese envidiado el propio Judas.
Y es que fueron casi 600 páginas, Ufff!!
-Llenas de qué? es la pregunta que se hace el que aún no navega en ellas.
-Llenas de recuerdos. No hay mejor respuesta.
Esto, es Drácula, un relato fragmentado en los recuerdos de siete vidas. Todas maravillosamente orquestadas. Lleno de vida y muerte, de lágrimas (que hay muchas) y alegrías (que hay pocas), de valor y de fe. Quizás lo que en ocasiones me llegaba a desconcertar y al mismo tiempo me encantaba era la deferencia de los personajes, más allá de evidente momento histórico.
No es de extrañar que al dejarnos llevar por el título de una obra, consideremos automáticamente a designar, en este caso, a Drácula como el protagonista de la misma. Sin embargo, más lejana no me pude sentir de él, prácticamente se mostró como un desconocido indigno de mi atención. Supongo que esto se debe a que le conocí a través de la monstruosidad, la impureza y el infantil concepto bajo el que era descrito. Pero esto no impidió que en ocasiones una pequeña sensación de admiración ante el ser en vida que fue, así como la calma y astucia que mostró una vez no-muerto, se hiciera presente de tanto en tanto.
Finalmente puedo decir que es un libro que lo tiene casi todo, pues mi edición no tiene ilustraciones... jajajajaja.
¿Qué hará usted? -Cortarle la cabeza y llenar su boca de ajos. Después, le hundiré una estaca en el pecho.


0 comentarios