SER DOCENTE | SER UN COMPAÑERO DE VIAJE

by - 8:02 p.m.


Docentes, debemos ser capaces de hacer entender 
que somos compañeros de viaje y no un destino.

La formación en contextos institucionalizados parece el enganche perfecto para emular los cambios en la historia. Es en el aula donde la configuración de las generaciones encuentra un punto de inflexión. Siempre procurándose a las novedades, siempre buscando no quedarse atrapada en el tiempo y el no ser juzgada por quedarse frenada en ciertos valores, la educación se transforma. 

Los cambios que ocurren en la instrucción del alumno son los que pretenden llevar la bandera en la práctica pedagógica. Se les llama sistemas o modelos en el proceso educativo, porque llevan inmersos la necesidad de componer y cubrir distintos niveles en las relaciones productivas dentro de la actividad de enseñar.

La forma en que el ser humano se comunica y se relaciona consigo mismo y con aquello que puede llamar entorno, avanza hacia distintos modos. La enseñanza busca no detener este avance sino que pretende que logre ser más eficiente como persona al cumplir con dicha relación.

Es por ello que al mirar objetivamente la facilidad de adquirir información por parte de cualquiera, en las últimas cuatro décadas, la actividad del maestro se vuelve más reflexiva y menos inquisitiva. El sentido que comienza a llevar la actividad de enseñar pasa a concentrarse en ser un guía, ya no en la oscuridad, sino en una sobreiluminación. Lo que significa que el docente cambia su rol de luz y se transforma en una voz.  Se pretende entonces que el estudiante sea el creador de su propia didáctica y que consiga en el aula las herramientas que puedan orientarle a la acción.

Sin embargo, esto significa que el reto del docente es mayor, puesto que a pesar que la enseñanza se ha moldeado para ser una caricia sobre el instruido, la necesidad de evaluar los procesos parece ser el único mal que se mantiene ineludible en la historia. Esto significa que el docente debe ser capaz de apreciar y por supuesto de valorar, los distintos procederes en la resolución de problemas que puedan presentarse en el aula. -Lo que implica que aunque la enseñanza se amolda al estudiante, el maestro sigue siendo el malo de la película-.

Ahora, es deber comprender que el aprendizaje por el que como docentes debemos estar motivados, va enriquecido no solo de discernimiento y guía, también se marcan distintos matices cuando el estudiante se pretende como un participante. Implica que surjan relaciones dinámicas entre la expresión de su ser, sus emociones, sus necesidades, su comportamiento, sus prejuicios y por supuesto sus respuestas; que se convierten en los recursos con los que cuenta para poder construir conocimiento.

Todo lo anterior nos lleva a considerar que lo que va sucediendo con la práctica de enseñanza es extenso y considerar que actualmente exista un solo camino propuesto, llámese método, para indicar el buen proceder en la misma, es un error. No digo que no exista. Pero si es importante que destaquemos que de darnos a la tarea de considerar uno, deben de convertirse en indicaciones cuidadas que no están para ser consideradas un plan de éxito, sino para llevar a la enseñanza por un camino participativo, interactivo, funcional y significativo.

Claro, realmente considero que al final, el problema no es que como docentes entendamos todo lo anterior, o nos adaptemos a nuevos modos de proceder en nuestras aulas. El reto está en que el estudiante cuando inicia su proceso académico en la educación superior, entienda que su papel es como un constructor activo y dinámico. Y que la información no solo se transforma en conocimiento cuando el docente, o las tareas, o las guías o los trabajos, o las exposiciones, están presentes. El estudiante es responsable de su propio carácter de estudiante.

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