DIOS, TIENES UN E-MAIL
De sus autores, me sorprendí un tanto debido a que a todas estas son dos y eso me pareció precioso para un libro tan delgadito. Leyendo un poco sobre ellos, los ojos me navegaron entre todos los MBA y los Ph.D. además de los múltiples centros en los que habían sido colaboradores, catedráticos y directores. Me asuste un poco... jajajaja, pero empecé llena de esperanza.
Dios, tiene un e-mail es un libro de lectura ligera con uno que otro contratiempo si no eres muy versado en lo relacionado con conceptos económicos y administrativos. Este se presenta como la muestra de la correspondencia que establecen variados seres -digo seres, porque hasta un perro se ha dignado a escribir- con Dios.
Lo interesante, y sus propios autores lo dicen es que Dios se ha tomado la molestia de responder cuidadosamente a las quejas, reclamos y pedidos de todo aquel que se ha dirigido a él.
Ya se sabe que si hablas con Dios eres religioso, pero si Dios habla contigo estás loco.
Destaco la evidente influencia de la profesión y la ocupación de los autores. Luis de Sebastián y Josep M. Sayeras, economista y administrador, respectivamente, nos relatan de a trazos de vida o bueno, más bien de a problemas... el pesar en el que se vio el pueblo español a raíz de la crisis económica que explotó en el 2009.
Ahora, no es un libro revelador, no es una hazaña de la literatura, es un juego, eso sí, y además uno en el que ríes de tanto en tanto. Disfruté de las personalidades de los remitentes y por supuesto de la forma de pedir, demandar, amenazar y chantajear a Dios; sobre todo en estas dos últimas que nos vemos reflejados la mayoría.
Durante cada correo y cada correo en respuesta por parte de Dios, fue interesante encontrar como todos los miembros de una familia le escribieron cada cual por sus respectivos males y de como Dios hacía referencia entre los personajes que le habían escrito al responder a otros.
He de anotar que no todas las respuestas de Dios me parecieron adecuadas, además las encontraba llenas de vacilación y al final sentí que leía a un Dios que hacía "observaciones" quejumbrosas sobre el actuar de sus hijos y no llegaba a un respuesta clara. Esto nos permitía leer a un Dios más cercano, pues irónicamente se mostraba humano.


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