PROTEGIDAS

by - 4:57 p.m.


“… el más grande valor que se espera de ellas en una sociedad y que se resume en una sola regla: no deber ser sexualmente libre o, para hacer las cosas más claras, no seas una puta.” Lina Vargas.

Las mujeres llevan a cuestas obligaciones del hogar, usan y desgastan su cuerpo en trabajos sin futuro y soportan los abusos de hombres que ejercen su poder sobre ellas sin ninguna autoridad moral. ¿Es extraño, entonces, que se junten un grupo de mujeres a despiezar a un hombre en una bañera y a repartir  la plasta de su cuerpo por las canecas de Tokio? Catalina Holguín Jaramillo.

La espiral significa exprimirse, retorcer lo mojado, escurrirle hasta la última gota –secarlo por centrifugado-, retorcer a su propio idiota: torcerle el brazo para obligarlo a hacer o a hablar o a dar. Mis espirales son un vacío. El vacío de la angustia que se asocia con ‘el remolino de la histeria’ que obedece a una forma de ultra-apretamiento cada vez más rápido, cada vez más fuerte… y que se asocia con las vueltas que dan las niñas al jugar.  Louise Bourgeois.

“Todo lo que se dice contra la pintura es verdad, es un anacronismo. Se ha sobrepasado. Su manera de transformar en belleza cualquier horror es obscena. Es decadente. Es arrogante. Además es estúpida porque no puede responder a ninguna pregunta. ¿Por qué todavía nos preocupamos de mirar imágenes? Es por eso que todavía pinto”. Marlene Dumas.

La obra de Kawakubo tiene una suerte de violencia, incluso brutalidad, que hace que otras piezas de moda parezca inocuas y aburridas, por vanguardistas que quieran parecer. Ella acepta que su estilo es agresivo, sin embargo, tiene una profunda y agridulce  feminidad. Álvaro Robledo.

No podría explicarles mi proceso creativo. Y, aunque pudiera, ¿para qué querría hacerlo? ¿Existe gente que en verdad quiera explicarse? Rei Kawakubo.

***

Repasando con rapidez dentro de mi superficial conocimiento, sobre las diferentes posiciones de la mujer a lo largo de la historia de nuestra humanidad, siempre se puede establecer ese purgatorio de poca notoriedad al que se solía relegar el ego femenino.

En reflexiones actuales nos hemos de sentir heridas por el poco valor manifestado hacia la presencia de la mujer en general, la discriminación, la constante infamia; y cuando se obtuvo poder, el puesto de relevo se estableció como nuestra primera opción. Siempre esa constante agudeza de mantenernos al margen, de mantenernos bajo control, en cintura… de estar en casa, guardadas y protegidas.

¿Protegidas? -me pregunto yo. Cuando le damos un poco de razón al asunto, resulta tan inspirador como aterrador.

El sentido de conservación, lleva al hombre en género a mantenerse alejado de las sombras que se mueven amenazantes y de los sonidos que en desconocimiento, erizan la piel. Es entonces, cuando aparece la forma femenina como una maravillosa representante de esa capacidad del ser humano de ejercer violencia psicológica extrema hacia sí y proyectarla.

Creo que es gracioso, cuando se piensa que la muestra de mayor inteligencia de la que haya registro, es cuando el hombre aniquila a la mujer del panorama, al darse cuenta de lo perversa y  temible que puede llegar a ser en medio de su sensatez, de su sensibilidad, de su eficiencia… de su hormonal forma de ver al mundo.

Nos hemos convertido en fénix enjaulados. De tanto en tanto revivimos para maravillar al entorno, de tanto en tanto morimos para crear calma y espectadores impresionables.

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